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sábado, 30 de mayo de 2015

La euforia de la salvación con el Camp Nou como escenario

El empate del Deportivo en el Camp Nou que cerraba la Liga 2014-2015 para el club coruñés permitió un redescubrimiento de la épica futbolística para la hinchada herculina. El zurdazo inesperado de Salomão se convierte en un momento de euforia que pasa a la historia del club

Salomão celebra su gol con gestos hacia la hinchada gallega
Ocurrió hace una semana, pero ya es historia para el Deportivo. Una jornada especial que elevó el nivel de ansiedad de los seguidores blanquiazules hasta límites insospechados. Una situación más que complicada que llegó a silenciar a los más optimistas. Y un momento para la colección: el gol de Salomão que situaba al club coruñés provisionalmente fuera del descenso a falta de 15 minutos para que concluyese el encuentro en Barcelona.

El Deportivo se había metido en la boca del lobo cuatro jornadas antes, al perder por 4-0 en Elche frente un rival que también luchaba por permanecer en Primera Divisón. El calendario no invitaba a sentir confianza. Los aficionados intuían que se avecinaba el tercer descenso de categoría desde mayo de 2011, sólo cuatro años antes de este nuevo final de Liga que ha mantenido la incertidumbre hasta el último instante.

Con garra e insistencia, el Dépor arrancó un punto frente al Villarreal en Riazor, logró en la última jugada del partido un empate durante su primera visita al Nuevo San Mamés y derrotó como local al Levante. Los herculinos dependían de sí mismos para alcanzar la salvación, pero el F.C. Barcelona esperaba el encuentro final con el objetivo de ovacionar y despedir al gran Xavi Hernández y celebrar el título de campeón que había certificado en la penúltima jornada.

Los culés disputarían la final de la Copa de España y la final de la Liga de Campeones durante los fines de semana siguientes. Sin embargo, Pedro, Neymar y Messi partieron como titulares en el enfrentamiento que cerraba la Liga. El Deportivo se vio superado desde los primeros minutos y el astro argentino aprovechó dos ocasiones para situar una ventaja que parecía insalvable. Faltaba media hora para conocer el resultado y el destino de los blanquiazules.

Mosaico dedicado a Xavi Hernández antes del partido entre Barça y Dépor


El juego preciso y combinativo del Barça gozó de menos continuidad desde entonces. La escuadra blanquiazul procuraba avanzar metros y aprovechar cada espacio para acercarse a la portería contraria sin perder la concentración. El coruñés Lucas Pérez clavó un zurdazo junto a la cruceta tras recibir un balón de espaldas cerca de la línea frontal del área grande.

La situación no despertaba el apetito blaugrana y el Deportivo necesitaba, de una manera o de otra, un único gol para que tanto sufrimiento estallase en forma de fiesta. Y el portugués Salomão lo logró al rematar en seco un balón suelto a media altura durante una jugada embarullada que venía precedida de una peligrosa falta.

Así se vivió ese momento de enorme alegría y esperanza en siete emisoras de radio a través de narraciones ofrecidas a nivel estatal y, en el caso de la última de ellas, a nivel local para A Coruña y su área de influencia:




viernes, 23 de enero de 2015

La promoción de 1992: intensidad sin límites

Los encuentros que cerraron la temporada 1991-1992 situaron nuevamente al Deportivo en la cuerda floja. El club coruñés había disputado su primera Liga en la División de Honor tras casi dos décadas en otras categorías, pero la permanencia dependía de una sufrida promoción contra el Betis

Kiriakov pelea por el esférico ante un jugador verdiblanco
El Deportivo tenía el difícil reto de consolidarse en Primera División en 1991, después de una prolongada travesía por el desierto. Los seguidores blanquiazules ya sabían lo que era festejar la simple supervivencia de la entidad coruñesa gracias al gol de Vicente tres años antes.

Augusto César Lendoiro situó en el banquillo a Marco Antonio Boronat, destituido la temporada anterior como técnico de la Real Sociedad, donde había comenzado su carrera como entrenador sustituyendo a John Benjamin Toshack. Su mayor aval era haber clasificado a los vascos para la UEFA.

Entre los jugadores llamados a reforzar la plantilla se encontraban tres hombres que acusarían una gran inactividad debida a problemas físicos: el lateral López Rekarte, procedente del Barcelona; José Luis Ribera, central que provenía del Burgos, y el guardameta Canales, canterano del Real Madrid. La contratación del portero albaceteño requirió el mayor desembolso del Deportivo hasta aquel momento, pero su grave lesión forzó el fichaje de Paco Liaño a última hora. El internacional búlgaro Ilián Kiriakov completaba la lista de nuevos nombres.

En aquella Liga, la primera que el Real Madrid se dejó en Tenerife el último día de competición, los coruñeses no llegaron a superar un 9º puesto alcanzado en las primeras jornadas. Poco después, dos severas goleadas encajadas en Riazor contra los merengues y el FC Barcelona ubicaron al Deportivo en puestos de descenso directo.

Los asuntos relativamente extradeprotivos también sacuedieron ese año a la entidad. El 'caso Fran' explotaba en febrero, cuando se descubrió que existía un documento firmado en blanco que vinculaba al de Puente Carreira con el Real Madrid. Las negociaciones entre Lendoiro y Mendoza remataron con una decisión salomónica que derivó en un auténtico culebrón. Además, el Dépor vivía un proceso de conversión en sociedad anónima deportiva y la gestión era muy delicada.

Con todo, el equipo se mantuvo varias semanas en una zona tranquila dentro de la parte baja de la tabla, gracias a que casi siempre lograba puntuar como local. En aquel recinto con forma de herradura se presenciaron numerosos empates a cero goles.

Martín Lasarte, uno de los líderes de la zaga herculina
En cambio, la trayectoria negativa en campos ajenos provocó la destitución de Boronat, despedido después de caer 3-0 en Albacete. La recta final se afrontó nuevamente con Arsenio Iglesias en el blanquillo. El conjunto blanquiazul tuvo que luchar hasta el último suspiro, pero los resultados no fueron favorables a sus intereses y el Espanyol superó en un punto a los adiestrados por el Zorro de Arteixo; los catalanes se libraban así de jugar la promoción, trámite de obligado cumplimiento para Deportivo y Cádiz.

Los únicos deportivistas que disputaron todos los encuentros fueron Djukic y Fran, y el máximo anotador fue Claudio Barragán, don diez dianas en su cuenta.

El contrincante que aspiraba a ascender en detrimento de los coruñeses era el Real Betis Balompié. El 10 de junio de 1992 se vieron las caras en Riazor para decidir el marcador del partido de ida. El Deportivo, con Djukic en la grada por sanción, lo dio todo y derrotó a los verdiblancos por 2-1. Albístegui, de penalti, y Kiriakov, en un golpe franco, meterializaron los goles de los de casa, aunque el búlgaro erraría un nuevo penalti.

El choque decisivo se jugó en el Benito Villamarín el 17 de junio. Compusieron la alineación gallega Canales, Mariano, Ribera, Djukic, Lasarte, Sabín Bilbao, José Ramón, Albístegui, Kiriakov, Fran y Claudio, aunque también participarían Uralde y Kanatlarovski. En el estadio sevillano se vivieron momentos de mucha tensión, pero el Betis no fue capaz de rebasar la telaraña defensiva organizada por Arsenio. El empate a cero permitía que el Deportivo se mantuviese, al menos, un año más en Primera.

Especialmente significativa es la imagen del mítico entrenador deportivista saliendo del banquillo para abrazar al capitán Martín Lasarte, notablemente turbado por la emoción, y decirle: "¡Qué alegría, Martín, qué alegría...! Cuánto he sufrido...".

Cuatro Caminos comezaba a ser ocupada en ese momento por los emocionados hinchas blanquiazules, y los abrazos se extendieron por toda la ciudad. Sin embargo, casi nadie se atrevía a soñar con lo que sucedería a partir de entonces, ya que dos irrepetibles brasileños estaban a punto de cruzar el charco para contribuir a un salto de calidad que dejó perplejo al mundo del fútbol.




sábado, 15 de noviembre de 2014

Helenio Herrera y la hazaña de Balaídos

El 'mago' argentino llegó a la capital coruñesa en junio de 1953 para corregir la marcha del Deportivo en los últimos partidos de la liguilla de promoción que permitió a los blanquiazules continuar en Primera. La permanencia se confirmó tras una espectacular victoria en Vigo

Helenio Herrera desató el recelo y la polémica en A Coruña poco antes de que finalizase la temporada 1952-53. El argentino dirigía al Málaga y luchaba por mantener a los andaluces en Primera División. El Dépor, en una situación similar, condenó a los malagueños al descenso con una victoria por la mínima lograda en Riazor durante la penúltima jornada de Liga. Herrera, furioso e impotente, acusó a los herculinos de arreglar el empate conseguido la semana anterior en Oviedo. Quién podría esperar que el 'mago' recorrería La Marina a hombros de los deportivistas sólo un par de meses después.

Ocho partidos al límite

El Deportivo compitió contra otros cinco clubes en una liguilla final que funcionó, aquel año, como promoción por el ascenso y la permanencia. Los blanquiazules no marcaron ningún gol y lograron un único punto en las dos primeras jornadas. Faltaban ocho partidos para concluir la temporada y las sensaciones eran muy negativas. La apatía, el desorden, la falta de ritmo y una escasa convicción caracterizaban el juego del conjunto herculino.

La directiva pensó en tomar una decisión arriesgada para lograr un último arreón que condujese al milagro. Y el presidente, Rafael Salgado Torres, al frente del consejo de administración desde diciembre del año anterior, destituyó a Fernando Fariña y logró el fichaje de un entrenador con carisma.

Helenio Herrera, que ya había conquistado dos Ligas con el Atlético de Madrid, puso todo su empeño en salvar al club coruñés. Trabajador, metódico y vehemente, Herrera se reunió con los jugadores para conocer sus circunstancias personales y obtener el máximo rendimiento de cada uno de ellos. El 'mago' pidió sacrificio y rigurosidad en la rutina diaria y en la vida privada de los integrantes de la plantilla. Y sobre todo: insistió en la idea de que eran jugadores de Primera División.

Balaídos como reto final

Ganar o ganar. Esas eran las opciones del Deportivo en el partido que debía disputar en Vigo para cerrar la liguilla si deseaba permanecer en Primera. H.H. alineó a Acuña, Clemente, Rodolfo, Carlos, Zubieta, Tito Blanco, Corcuera, Oswaldo, Arsenio, Moll y Tino.

A las cinco en punto de la tarde, los jugadores del Celta esperaban sobre el terreno de juego a su eterno rival. Bajo el orballo que refrescaba aquel día de verano, los espectadores aguardaban con impaciencia el comienzo del choque. El timbre había sonado de manera insistente en el vestuario y, varios minutos después, el árbitro acudió en persona a llamar a los componentes del Deportivo. El pitido inicial sonó en torno a las cinco y veinte. Helenia Herrera había programado aquella demora para descentrar a la escuadra viguesa.

El encuentro se pone de cara desde el principio. Los visitantes realizan una demostración de intensidad, motivación y eficacia. Los goles de Corcuera, Oswaldo y Arsenio Iglesias sitúan el marcador en un prometedor 1-3 al descanso. Las tareas de orden y contención permiten mantener ese mismo resultado y celebrar el triunfo que garantizaba la continuidad de los coruñeses en la categoría de oro.

Helenio Herrera abandonó entonces el club blanquiazul, no sin antes participar en la fiesta que se había preparado en Coruña.


lunes, 16 de junio de 2014

El gol salvador de Vicente Celeiro

El Dépor llegó en una situación límite a la última jornada de la temporada 87-88. La imprescindible permanencia en Segunda División se logró después de que Vicente marcase un gol en el minuto 92 ante el Racing

Vicente Celeiro fue el autor del gol frente al Racing en el tiempo de descuento que supuso la permanencia del Deportivo en Segunda División tras la temporada 87-88
Fuente: La Voz de Galicia
22 de mayo de 1988. La preocupación, la ansiedad y la esperanza se daban cita aquella tarde en Riazor. Nerviosismo antes del partido y angustia hasta el minuto final. El Deportivo se jugaba la permanencia en Segunda y probablemente su salvación.

Antes de comenzar aquel campeonato, la plantilla tuvo que superar la trágica muerte del lateral Javier Sagarzazu, incorporado ese mismo verano y elegido mejor jugador del trofeo Teresa Herrera. Sagarzazu sufrió un derrame cerebral en el propio autocar del equipo durante un desplazamiento a Carral para disputar un encuentro amistoso.

El Deportivo comenzó la temporada 87-88 con Eusebio Ríos al frente del cuerpo técnico, pero Luis Rodríguez Vaz, que dirigía al Fabril, lo sustituyó en el banquillo después de las primeras jornadas.

De la mano de Vaz, debutaron en el primer equipo los hermanos González Pérez: Fran y José Ramón (este último, un año mayor, gozó de más protagonismo y fue titular en 27 ocasiones).

Y en febrero, una vez más, llegó Arsenio Iglesias. El Deportivo ocupaba el puesto 18 en la clasificación. Antepenúltima plaza. La misma posición en que se situaba antes de la jornada final. Un último domingo de emoción y sufrimiento. Los coruñeses debían vencer al Racing de Santander en su estadio y esperar pinchazos por parte de Hércules y Bilbao Athletic.

Los dos rivales por la permanencia perdieron sus respectivos partidos, pero el Deportivo no conseguía inaugurar su casillero a pesar de que dominaba el juego y disfrutaba de oportunidades muy claras de gol. El momento del delirio y la catarsis blanzuiazul no se vivió hasta el minuto 92: el vilalbés Vicente Celeiro (que también había debutado con Rodríguez Vaz siete años antes) recogió un envío de Hidalgo al borde del área pequeña y batió a Pedro Alba (cuyo sustituto era Paco Liaño) con un toque raso dirigido al palo del guardameta:



Euforia colectiva. Salvados y a remar... La situación de la entidad era muy complicada debido a la deuda existente. Para continuar con la lucha, Arsenio siguió ocupando el banquillo y un nuevo hombre se puso al frente de la administración del club: Augusto César Lendoiro.

Nadie sabe lo que hubiese ocurrido en el caso de no haber derrotado a los cántabros. Pero es un privilegio para cualquier deportivista haber saboreado las experiencias de los años siguientes.


miércoles, 26 de marzo de 2014

Los "Canaro" y la goleada del siglo

La delantera conocida como Orquesta Canaro pasó a la historia del Deportivo por su juego combinativo y su gran eficacia en ataque. De sus pies surgió, en la temporada 1950-51, un registro todavía imbatido

Riazor nunca gritó tantos goles en tan pocos minutos. Ocurrió el 5 de noviembre de 1950. Todo el estadio cantaba al son de la Orquesta Canaro. Diez explosiones de júbilo indicaban la épica del momento. Fue un partido ante el Lleida que se convirtió en la mayor goleada del Deportivo en Primera División.

El club blanquiazul se había proclamado subcampeón de Liga el verano anterior. Dos históricos del cuadro herculino, Guimeráns y Maquínez, abandonaron la entidad, y los delanteros Oswaldo y Corcuera cruzaron el Atlántico para reforzar al equipo. Tino, Moll y Rafael Franco completaban un prometedor quinteto atacante.

Corcuera, Oswaldo, Franco, Moll y Tino formaban la Orquesta Canaro

Todos ellos eran sudamericanos, a excepción de Tino, natural de San Pedro de Nós, lo que motivó que el periodista Ponte Patiño, que había vivido en Buenos Aires, bautizase a estos cinco goleadores como la Orquesta Canaro en honor a una banda argentina de música.

El irregular comienzo de la temporada 1950-51 provocó cierto desánimo entre la hinchada, a pesar de un 4-1 endosado al Celta en Riazor. La euforia resurgió en la grada tras un 5-0 frente al Real Madrid y un 0-3 conseguido en Mestalla. La semana siguiente, el Lleida viajó a tierras gallegas y recibió, sobre el campo, un severo castigo.

La Orquesta Canaro acaparó el registro anotador de aquel encuentro. Los cinco protagonistas de la delantera coruñesa sumaron 9 goles en un partido que finalizó con un 10-1 favorable al equipo local.

Una temporada discreta

Tino, Franco, Oswaldo, Corcuera y Moll lideraron, por este orden, la tabla de realizadores del Deportivo. Los "Canaro" marcaron 56 de los 64 goles del equipo durante aquella temporada. Una media de casi dos por partido.

La Unió Esportiva Lleida acabó en el último lugar de la clasificación, con 134 goles encajados en sólo 30 jornadas, pero se vengó del Deportivo en la segunda vuelta del campeonato, al derrotarlo por la mínima en su campo.

De hecho, pese a la espectacularidad de algunos marcadores, lo justo es hablar de una campaña discreta. El Deportivo sufrió hasta la última jornada para evitar la promoción y acabó en el puesto 12 de 16. Lo más destacado, curiosamente, es que Juan Acuña consiguió su cuarto y último trofeo Zamora.