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viernes, 26 de junio de 2015

Los 'Zamoras' de la meta deportivista

El Deportivo ha dispuesto de grandes porteros desde su fundación. Todos ellos merecen una dedicatoria, pero sólo cuatro consiguieron ser los guardametas menos goleados de Primera División durante su estancia en A Coruña. Por ese motivo, dos de ellos recibieron el trofeo Zamora que otorga el diaro Marca desde 1959

JUAN ACUÑA, EL DUEÑO DEL ÁREA

Juan Acuña defendió la meta del Deportivo durante casi dos décadas y logró en cuatro ocasiones proclamarse portero menos goleado de Primera División
Juan Acuña despeja un balón en una valiente salida
El mítico 'Xanetas' nunca dejará de recibir menciones y homenajes. Es sencillo averiguar los motivos de tanto halago a un hombre clave en la historia del Deportivo. Acuña debutó con el club herculino cuando apenas tenía 15 años de edad, y defendió la portería coruñesa el año del primer ascenso a la División de Honor, en 1941. Las dos temporadas siguientes se convirtió en el portero menos goleado de la categoría, lo que le llevó a debutar con la selección española sustituyendo a Martorell en un partido contra Suiza. De nuevo tuvo el honor de ser el meta menos batido en la temporada en las temporadas 49-50 (año del primer subcampeonato) y 50-51, cuando firma su mejor contrato con el club gallego y pasa a cobrar un sueldo de 2.500 pesetas mensuales. Sin embargo, durante toda su trayectoria arrastra problemas en un hombro debido a una lesión producida en 1940 tras tropezar con otro jugador en una de sus espectaculares salidas. A ello había que unir sus preocupantes aumentos de peso, que le obligaron a retirarse de forma prematura. Se cuenta que su liderazgo llegaba hasta tal punto que arengaba a sus compañeros gritándoles: "meted un gol, que yo me encargo del resto", y que Ricardo Zamora le nombró su sucesor tras un homenaje a Ramón González. Acuña abandonó el fútbol en 1955 y se convirtió en un trabajador más de la Refinería.

JUAN IGNACIO OTERO, LA MURALLA VERSÁTIL

Juan Ignacio Otero fue el portero menos goleado de Primera División en 1955, cuando defendía la portería coruñesa
El meta Juan Ignacio Otero
Este futbolista coruñés se formó en el Liceo de Monelos y el Sporting Ciudad antes de pasar a las categorías inferiores del Deportivo. En la temporada 1952-1953 alternó el puesto de guardameta titular con Acuña, que comenzaba su declive, y más tarde competiría con Lestón por ganarse el puesto. Otero fue el portero menos goleado de Primera División en 1954. En 1955 participa en la primera victoria coruñesa en el Teresa Herrera, y en octubre de ese mismo año cuaja una enorme actuación en el 1-2 endosado al Real Madrid en su estadio, algo que tardaría décadas en repetirse. Juan Ignacio Otero militó también en el Betis y en el Granada, y tuvo tiempo de demostrar el completo deportista que era al proclamarse subcampeón de España de natación.

PACO LIAÑO, EL PROTAGONISTA DE UN RÉCORD

El cántabro Francisco Liaño es mejor 'Zamora' de la historia del fútbol español al haber recibido sólo 18 goles en los 38 partidos de la Liga 1993-1994 en la que el Dépor perdió el liderato en la jornada final
Liaño coloca la barrera durante un partido del Dépor
La llegada del cántabro a Riazor se produjo por la necesidad de cubrir la baja del lesionado Canales. Liaño, formado en la cantera del Racing de Santander, fue el portero menos goleado de Segunda División con el Sestao antes de recalar en el Deportivo. En su primera temporada en el club fue el cancerbero que más minutos estuvo sobre el campo, pero tuvo que disputarse el puesto con el vizcaíno Josu y con el propio Canales. El albaceteño, un excepcional portero que se había criado en la cantera del Real Madrid, sufrió nuevos contratiempos (un accidente de tráfico, una rotura de ligamentos...) y se mantuvo siempre a la sombra de Liaño. En la temporada 1992-1993, cuando el cuadro blanquiazul despunta como conjunto capaz de plantar cara a los todopoderosos, Liaño se pierde sólo un encuentro y comparte el trofeo Zamora con Santi Cañizares, que entonces defendía la portería del Celta. No obstante, el resultado de la temporada siguiente sería asombroso; en colaboración con un entramado defensivo compuesto por los laterales Nanco y López Rekarte, los centrales Ribera y Voro y el serbio Djukic de líbero, Paco Liaño encaja sólo 18 goles en 38 partidos de Liga y es, de calle, el portero que menos tantos recibe. Un récord todavía imbatido. Más adelante participaría como titular indiscutible en los dos primeros títulos del Dépor: la Copa del Rey y la Supercopa, ambos logrados en 1995.

JAQUES SONGO'O, AGILIDAD Y CARISMA

Jaques Songo'o consiguió el trofeo Zamora con el RCD y fue el portero titular de la temporada en que los blanquiazules consiguieron la Liga
Songo'o realiza un saque de puerta
El franco-camerunés aterrizó en A Coruña en 1996 como un veterano arquero de 32 años conocido en la liga gala y al que algunos recordaban, quizás, por los seis goles que recibió en un partido del Mundial de EE.UU. '94. Muchos no entendieron su fichaje, ya que se había concretado la incorporación de Petr Kouba, quien destacó ese año con la selección checa que había llegado a la final de la Eurocopa. Además, Canales formaba aún parte de la plantilla y se oían elogios hacia el fabrilista Dani Mallo. Sin embargo, Songo'o se vio beneficiado por su condición de comunitario y obtuvo la titularidad de inmediato. El trofeo Zamora cayó en sus manos en su primera temporada en España. Dotado de unos reflejos despampanantes, su espectacularidad acabó por encandilar a la grada. Pero el camerunés fue, ante todo, el portero del año en que el Dépor ganó la Liga. A trece jornadas de la consecución del campeonato, Songo'o cabeceó al fondo de la red un córner botado en un partido que se jugaba en Soria, pero el colegiado anuló el tanto por una inexistente falta en ataque. Se trataba de un encuentro importante que remató con la victoria por la mínima del Numancia, aunque los blanquiazules conservaron la primera plaza hasta el final.



jueves, 23 de abril de 2015

Literatura blanquiazul y autores universales

El Día del Libro nos invita a descubrir la magia de este deporte recogida en los textos de algunos escritores a los que merece la pena descubrir como lector y como forofo

El fútbol no se disfruta solamente observando la pantalla o el césped. Tampoco corriendo sobre el cemento, la tierra o la alfombra verde. La emoción no se transmite sólo a través del rugido de las gradas o el sonido de la radio. El fútbol se lee. Y el Dépor también.

El fútbol a sol y sombra, una magnífica colección de textos breves, a modo de microrrelatos que recogen historias reales del balompié, se ha convertido en la referencia literaria de las obras dedicadas a esta disciplina. Su autor, Eduardo Galeano, ha fallecido este mes. Este uruguayo universal mostró en libros, artículos y entrevistas su inspiración, su lucidez, su elegancia y su compromiso con los vencidos, los desfavorecidos, los derrotados.

Espejos es otro conjunto de maravillosas piezas literarias cargadas de talento y de significado. Una de las historias que aparece en este libro está muy relacionada con el Deportivo y con la ciudad:

La Coruña, verano de 1936: Bebel García muere fusilado.
Bebel es zurdo para jugar y para pensar.
En el estadio, se pone la camiseta del Dépor. A la salida del estadio, se pone la camiseta de la Juventud Socialista.
Once días después del cuartelazo de Franco, cuando acababa de cumplir veintidós años, enfrenta el pelotón de fusilamiento:
-Un momento -manda.
Y los soldados, gallegos como él, futboleros como él, obedecen.
Entonces Bebel se desabrocha la bragueta, lentamente, botón tras botón, y de cara al pelotón echa una larga meada.
Después, se abrocha la bragueta. 
-Ahora sí.

El fútbol a sol y sombra, citado anteriormente, contiene un pasaje que revela el infortunio del delantero Bebeto antes de instalarse en la ciudad de cristal:

La pasión por la camiseta no tiene mucho que ver con el fútbol moderno, pero el hincha castga el delito de deserción. En 1989, cuando el jugador brasileño Bebeto pasó del club Flamengo al Vasco de Gama, hubo hinchas del Flamengo que acudían a los partidos del Vasco de Gama solamente para abuchear al traidor. Le llovieron las amenazas, y el brujo más temible de Río de Janeiro le echó su maldición. Bebeto sufrió un rosario de lesiones, no podía jugar sin lastimarse y sin que la culpa le pesara en las piernas, y fue de mal en peor hasta que por fin decidió marcharse a España.

Seguimos en A Coruña para recuperar un fragmento de un curioso trabajo elaborado por el escritor y periodista herculino Manuel Rivas. En el irónico y mordaz texto titulado 'Galicia contada a un extraterrestre', que aparece en el libro Unha espía no Reino de Galicia, Rivas explica una otra historia verdadera relacionada con un seguidor del club blanquiazul:

Agora que o matino, hay moitos heroes na memoria sentimental do pobo que case non figuran nos libros. Déixame que che cite algúns. Está o Foucellas, un cesteiro revolucionario, antifascista, que se botou ao monte ao saír do cárcere onde o meteran despois da guerra do 36, un maquis convertido en lenda, moi lanzal, que asistía aos  partidos de Riazor disfrazado de cura. Cazárono barbeándose no espello dun río e condenárono a morrer polo garrote. A prensa destacou, non sei se en honor do reo, que se trouxera paa a ocasión ao "mellor verdugo de España".

Manuel Rivas incluye en ese mismo trabajo una reflexión acertada sobre la relevancia de este deporte en la actualidad:

O fútbol fascina porque é unha guerra simbólica. É o gran deporte mundial. Comprobei que a Galicia se lle coñece moito máis no mundo dende que o Deportivo da Coruña fixo unhas cantas fazañas e xoga, por iso, a Liga de Campións. A vida éche así, meu. Para crear unha identidade hai xente que ten que escribir unha enciclopedia de cincuenta tomos ao longo de cincuenta anos. O fútbol, en troques, crea unha identidade nunha tarde de gloria, nunha patada virtuosa.


sábado, 4 de octubre de 2014

El primer ascenso del Deportivo

El Deportivo cumplió el sueño de ascender por primera vez a la División de Honor en la temporada 40-41, tras derrotar al Real Murcia en un partido de promoción jugado en Vallecas

Viejo campo de Vallecas
Ocurrió el 4 de mayo de 1941 en el antiguo campo de Vallecas. Deportivo de La Coruña (subcampeón en Segunda) y Murcia (colista de la máxima categoría) disputaban el partido de promoción que determinaba cuál de estos clubes jugaría la temporada siguiente en Primera. El club coruñés había competido en la división de plata desde la creación de la Liga y se encontraba a las puertas de conseguir un ascenso histórico.

Los blanquiazules habían jugado otra promoción un año antes contra el Celta de Vigo. El choque se celebró en Chamartín y concluyó con victoria de los vigueses por la mínima gracias a un tanto convertido en los instantes finales.

El recinto vallecano acogió esta nueva oportunidad de formar parte de los mejores. El conjunto gallego alineaó a un jovencísimo Juan Acuña como portero, un mito que no necesita presentación; en la defensa se situó la memorable pareja formada por Novo (un error suyo había propiciado el gol del Celta en la promoción anterior) y Pedrito, zaguero que llegó a ser internacional y que se caracterizaba por su intención de sacar el balón jugado y su costumbre de saltar al campo con un pañuelo blanco en la cabeza.

La media se completó con la presencia de Muntané, Molaza y Reboredo, destacando este último por sus pases en profundidad y su carácter combativo. Los atacantes serían Guimerans,  considerado por algunos como un “comodín” dentro del once durante su larga etapa en A Coruña; el diestro Breijo, que al igual que Guimerans era vigués de nacimiento; el veterano internacional Elícegui, conocido como 'el expreso de Irún', y los especialistas Chacho y Chao, todos ellos bajo la dirección del técnico Hilario Marrero.

Acuña, Novo, Pedrito, Muntané, Molaza, Reboredo, Guimerans, Breijo, Elícegui, Chacho y Chao, con Hilario Marrero de entrenador, derrotaron al Real Murcia en el campo de Vallecas y consiguieron el primer ascenso del Deportivo de La Coruña a Primera en la temporada 1940-41
Equipo del Deportivo que venció al Murcia en la promoción de 1941


El Murcia fue quien se puso por delante en el minuto 33 al batir a Acuña tras una buena internada por banda del extremo derecho, cuyo centro encontraría rematador en el segundo palo.

En la segunda mitad, la reacción de los blanquiazules era palpable y Chacho devolvió el empate al marcador cuando desvió al fondo de las mallas un buen centro de Breijo que Elícegui había dejado pasar. Corría el minuto 77, pero la igualdad se mantuvo hasta el fin del tiempo reglamentario, por lo que hubo de jugarse una prórroga.

A los 5 minutos de la reanudación, el atacante diestro Guimeráns enviaba al fondo de la red un potente chut que permitió a los deportivistas celebrar su primer ascenso.

Los jugadores abandonaron el campo a hombros y llegaron a A Coruña en un viejo autocar. La calles de la ciudad se llenaron de aficionados y los integrantes del equipo saludaron al público por primera vez desde el balcón del Palacio Municipal.

jueves, 20 de marzo de 2014

Riazor, 1944: nace un escenario mítico

El Estadio Municipal de Riazor se construyó a escasos metros del viejo campo donde el Deportivo disputó sus primeras temporadas de Liga. Las características del feudo blanquiazul eran muy distintas a las de hoy

La directiva del Deportivo soñaba con disponer de un estadio moderno en las proximidades del viejo campo de Riazor, donde el equipo jugaba como local desde 1909. Y pocos imaginaban, entonces, que aquella hondonada situada a escasos metros de la playa recibiría a los mayores cracks mundiales en las décadas posteriores.

Tal vez esa misma idea inspiraba al arquitecto municipal Santiago Rey, encargado de diseñar el moderno recinto. El Deportivo ascendió por primera vez a la máxima categoría en 1941, mientras el nuevo estadio era un proyecto ya iniciado, y se mantuvo entre los grandes hasta la propia temporada de su estreno.

Estadio Municipal de Riazor a mediados de los años 40

El nuevo Riazor podía acoger a media ciudad de A Coruña. Los cálculos más fiables indicaban que el aforo del estadio alcanzaba una cifra récord: 37.000 localidades, que rozaban las 60.000 si todos los espectadores permanecían de pie, mientras que el municipio rondaba los 120.000 habitantes mediada aquella década.

El coste de la instalación superó los cinco millones de pesetas (unos 30.000 €), y en ella destacaban la Grada Elevada, en la actual Preferencia, y la torre de Marathon, de casi 50 metros de altura y construida como mirador para seguir las pruebas atléticas que finalizaban en el estadio.

Las dimensiones del terreno de juego tampoco se quedaban atrás: los 105 metros de largo y los 74 de ancho (seis más que el actual) lo convertían en uno de los campos de fútbol más grandes de España. Sólo faltaba que rodase el balón.

El partido inaugural

29 de octubre de 1944. Domingo, naturalmente. El Valencia estaba en A Coruña para disputar un encuentro correspondiente a la sexta jornada del campeonato de Liga.

Los precios de las entradas oscilaban entre las 30 pesetas para acceder a la Tribuna cubierta y las 5 que costaba observar el partido desde General, la única grada de fondo. Unos 18.000 espectadores presenciaron aquel evento.

Alineación del Deportivo para el partido inaugural del estadio

El Deportivo, entrenado por Ramón Lafuente, salió al campo con Acuña, Pedrito, Portugués, Molaza, Bienzobas, Caballero, Viso, Guimeráns, Paquirri, Lezama y Marquínez.

El valencianista Hernández se convirtió en el primer goleador del nuevo escenario deportivista en el minuto 35 de la primera parte. El marcador reflejaba un 0-2 pocos instantes después. El delantero centro Paquirri acortó el camino de la remontada poco antes del descanso, y una sastrería del Cantón Grande le obsequió con una gabardina por ser el primer blanquiazul que anotaba un gol en el nuevo estadio.

Paquirri marcó otro gol en la segunda parte y recibió, por ello, un abrigo del mismo comercio. Pero el partido acabó con un 2-3 favorable al Valencia. Y lo que es peor: la temporada concluyó con el Deportivo situado en el último puesto de la clasificación, lo que conllevaba su primer descenso a Segunda.


La Grada Elevada destacaba en la actual Preferencia

La historia ha demostrado que aquel estadio no era tan gafe como se pensó en un principio. Los aficionados han disfrutado de todo tipo de competiciones y Riazor ha recibido a los mejores jugadores del mundo. Algo que comenzó a intuirse muy pronto.

En mayo de 1945 se enfrentaron España y Portugal en el primer partido entre selecciones que se jugaba en la capital herculina. El año siguiente, el Deportivo regresó a la categoría de oro y, recién comenzado el verano, se disputó la primera edición del Trofeo Teresa Herrera. Y en 1947 se celebró en Riazor, por primera y última vez, una final de Copa, cuyo marcardor final fue Real Madrid 2 - Espanyol de Barcelona 0. 

En Youtube se ha colgado un vídeo del NODO que nos muestra imágenes de los alrededores de Riazor y de las principales jugadas de un encuentro amistoso disputado entre Deportivo y San Lorenzo de Almagro en enero de 1947.